Hoy
toca una de las actividades exclusivas de los seres humanos, LA LECTURA , y escojo esta y
no otra porque tal y como están las cosas en el país creo que es una de la
pocas a las que nos podemos aferrar y que no debemos perder la costumbre.
La
sensación de coger un libro con su olor a nuevo y meterte en su historia, en su
vida, en sus personajes, sentirte parte de ellos, puede llega a ser más
ambicioso y placentero que un cine.
“La
lectura perjudica seriamente la ignorancia” me parece una de las mayores
verdades que se puede decir en cuanto a la lectura, sino la única. Desde que
nacemos debería ser obligatorio por ley, que
igual que educamos a los niños a cepillarse los dientes, lavarse las manos
antes de comer, etc, deberíamos poner un libro en su vida a diario.
Creo
que es una costumbre que se esta perdiendo y sinceramente, ¿Quién no recuerda
esas colecciones del Barco de vapor que
pasaban de hijos a hijos, las colecciones de Teo? ¡Qué nostalgia y qué placer!
Así,
fue como poco a poco, mis padres me fueron descubriendo un mundo lleno de
dobles vidas, alegría y diversión, sí diversión porque una tarde de sofá con un
buen libro no tiene precio.
Por
ello, y porque no dejen de comprarse-regalarse libros, pero libros de los de
papel, con su lomo, su portada y su olor a recién salido del horno (y no esos fríos
y consumistas e-reader) y porque ningún gobierno
haga pequeños-grandes ignorantes a un pueblo, fomentemos la lectura y leamos
para no oír ciertas sandeces, barbaridades que acaban dejando en off nuestro
ascenso a la felicidad.
Y
para terminar solo puedo decir, “LA FELICIDAD no se compra, pero puedes comprar
libros y eso es básicamente lo mismo”.

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