Frío,
mantita, sofá, películas con final feliz, bombones, campanas, nieve, y así,
hasta un sin fin de palabras con las que se llenarían hojas y hojas.
Todo
para hablaros de la Navidad ;
esa parte del año que todo el mundo celebra pero que realmente a nadie le
apasiona.
Son
pocos los que disfrutan y esperan con ansia esta época.
Pues
bien, no voy a intentar convenceros ni mucho menos pero sí hacérosla un poco más
amena.
Lo
primero que la gente relaciona con la
navidad es a aquellos que ya no están
con nosotros o las cenas familiares, el pariente que no nos apetece ver o el
que sí nos apetece y no podremos ver… bien pues cambiar el chip; los que no están
sólo desean vernos felices y que disfrutemos de lo que tenemos, lo que me lleva
a lo segundo, pasar las mejores fiestas con los amigos y familia que únicamente
queremos y nos trasmiten buen rollo, nada de tóxicos ni mal humor.
Por
otro lado, lo principal y más importante es poner el árbol de navidad que
arrastrará el resto de adornos y espíritu navideño; comprar los regalos sin dar
pistas, pensar lo que realmente le hará ilusión a esa persona y sobre todo,
sorprender.
Porque
en el fondo, a todos nos gusta la navidad; de vivirla, vivirla disfrutándola.
Invento
o no de los centros comerciales, de la religión o de quien sea, hay que
reconocer
que
para una defensora del verano como yo, es lo más bonito que nos da el invierno.
Todos
estos ingredientes, os aconsejo que los metáis en el horno y creéis un maravillo
dulce de navidad para comerlo con aquellos que se lo merecen sean dos, cuatro, quince
o veinticinco, y después de ésta metáfora solo me queda desearos una Muy Feliz Navidad.
Y
recordad, que en el ascenso a la felicidad, sólo cabe la positividad, el amor,
agradecimiento y hacer aquello que realmente queremos con quien queremos.

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